Al desaparecer el fuego la tormenta se transformó en ventisca. Y el castillo se congeló a pesar de los muchos otros fuegos que los súbditos del Rey encendieron en él para conservar su calor. Todas las riquezas acumuladas seguían ahí, pero ahora yacían pegadas a las paredes y suelos por el frío hielo.
El Rey entró en una fase de tristeza como nunca antes le habían conocido. Poco a poco fue enviando la gente que servía en el castillo a sus casas, así como a sus caballeros:
-Aquí no queda ya nada valioso que proteger.
Y al cabo de un tiempo se vio solo viviendo en su enorme castillo congelado.
Uno de los reyes vecinos, viendo su debilidad, se lanzó a conquistar su reino. Cuando entró en él no tuvo resistencia alguna, así que en un suspiro llegó hasta el castillo. Al entrar se encontró al Rey cerca del trono, mirando sus tierras a través del ventanal. Se acercó a él y le dijo:
-Es hora de que me entregues tu reino, pobre infeliz.
El Rey, que llevaba su espada en la mano, la tiró al suelo y se acercó a él. El invasor se dispuso a darle la estocada final, pero cuando la afilada espada de acero toco su armadura, en vez de atravesarla se partió en dos, como si hubiera dado contra el más fuerte de los materiales. El Rey invasor, conmocionado por el milagro salió huyendo para no volver jamás.
Y así, invasor tras invasor, se fue sucediendo la misma historia una y otra vez. Aunque el misterio del reino helado ya era conocido en todo el mundo, la codicia hacía que los más incrédulos intentaran acabar con el Rey de hielo para controlar sus riquezas. Pero ninguno de ellos consiguió hacer siquiera una mella en la armadura del Rey, que, siempre impasible, parecía ser inmune a cualquier espada, lanza o ballesta que tratara de dañarle.
Un buen día un nuevo invasor entró en el castillo. Era una misteriosa figura que vestía un largo abrigo y cuyo rostro estaba tapado por una oscura capucha. Al llegar a la sala del trono, el Rey advirtió su presencia y se dispuso a repetir el ritual habitual:
-Haz lo que plazcas, pero pierdes el tiempo, aquí ya no queda nada de valor.
-Seguro que sí.
Dijo la misteriosa figura, con voz femenina, y de su abrigo sacó papel y una pluma de escribir. Ante la atenta mirada del Rey comenzó a escribir. Por sus gestos no parecían palabras preconcebidas, si no fruto de la improvisación. Una vez hubo terminado guardó su pluma y se dispuso a leerlo. Con una bella voz recitó el poema más bello que jamás hubiera escuchado el Rey, y cuando acabó algo mágico sucedió.
Las hojas se tornaron en acero formando una bella espada que la misteriosa figura clavó en el pecho al Rey. En vez de brotar la sangre, de la herida comenzó a salir fuego hacia la espada. Al sacarla la herida sanó y la misteriosa mujer colocó este nuevo fuego en el lugar que había ocupado el anterior.
-Tranquilo, no teme a las tormentas.
Después del milagro del acero de papel, y con la llegada del nuevo fuego, el castillo poco a poco se desheló y la vida y la riqueza volvieron a él y a todo el reino…
Es entonces cuando desperté, y recordé que en realidad el papel, por muy fuerte que sea, no se convierte en acero, y que el invierno sigue siendo frío. Así que me di la vuelta y me volví a tapar con la manta para tratar de volver a soñar.
lunes, 7 de diciembre de 2009
viernes, 4 de diciembre de 2009
The Paper-Steel Dream (I)
El Sueño del Acero de Papel
Era un frío invierno y estaba hecho una bola bajo una manta y sin saber como, me quedé dormido y tuve un sueño.
El sueño era en un país de fantasía, de esos donde los colores son más brillantes, hay castillos, damas y caballeros. En él vivía un Rey muy querido por sus súbditos ya que tenía fama de amable y justo, pero también de triste. Su castillo era enorme, pero apenas estaba ocupado por riquezas, ya que a diferencia de otros reyes, no se dedicaba a explotar a su pueblo.
Un buen día una campesina muy hermosa llegó a audiencias:
-Mi Rey, no tengo ni oro ni nada valioso con lo que pueda pagar los impuestos, pues mis tierras llevan años que apenas dan lo justo para sobrevivir.
- No te preocupes mujer, si no tienes riquezas no tienes por qué pagar ningún impuesto.
Era un frío invierno y estaba hecho una bola bajo una manta y sin saber como, me quedé dormido y tuve un sueño.
El sueño era en un país de fantasía, de esos donde los colores son más brillantes, hay castillos, damas y caballeros. En él vivía un Rey muy querido por sus súbditos ya que tenía fama de amable y justo, pero también de triste. Su castillo era enorme, pero apenas estaba ocupado por riquezas, ya que a diferencia de otros reyes, no se dedicaba a explotar a su pueblo.
Un buen día una campesina muy hermosa llegó a audiencias:
-Mi Rey, no tengo ni oro ni nada valioso con lo que pueda pagar los impuestos, pues mis tierras llevan años que apenas dan lo justo para sobrevivir.
- No te preocupes mujer, si no tienes riquezas no tienes por qué pagar ningún impuesto.
- Muchas gracias mi señor. Permítame que le obsequie con lo único que puedo darle.
La campesina se metió la mano en la chaqueta y del lado de su corazón sacó algo...
- Con esto nunca volverá a pasar frío.
En su mano ardía un pequeño fuego mágico que no parecía quemarla. Se lo entregó al Rey, que estaba muy emocionado con tan inesperado regalo. Decidió colocar el fuego justo al lado de su trono, para poder recordar siempre como alguien que no tenía nada le entregó algo tan valioso.
Y algo maravilloso sucedió: por todo el reino empezaron a florecer las riquezas, como si el calor de ese fuego incitara a las cosechas a crecer, a los artesanos a crear bellos objetos y a los mineros les guiara hacia el oro. Y el castillo del Rey se llenó también de vida, riquezas, bellos cuadros, esculturas y tapices.
La campesina se metió la mano en la chaqueta y del lado de su corazón sacó algo...
- Con esto nunca volverá a pasar frío.
En su mano ardía un pequeño fuego mágico que no parecía quemarla. Se lo entregó al Rey, que estaba muy emocionado con tan inesperado regalo. Decidió colocar el fuego justo al lado de su trono, para poder recordar siempre como alguien que no tenía nada le entregó algo tan valioso.
Y algo maravilloso sucedió: por todo el reino empezaron a florecer las riquezas, como si el calor de ese fuego incitara a las cosechas a crecer, a los artesanos a crear bellos objetos y a los mineros les guiara hacia el oro. Y el castillo del Rey se llenó también de vida, riquezas, bellos cuadros, esculturas y tapices.
Con la riqueza llegó también la envidia de los otros reinos, que una y otra vez mandaros sus ejércitos para conquistar tan valiosa tierra. Pero los caballeros del Rey eran valientes y fuertes, y siempre hacían retroceder a los malvados.
Un buen día el Rey, que ya era feliz, estaba sentado en su trono, y en el reino se levantó una tormenta con rayos y truenos. El Rey quería disfrutar de ella y se dirigió a abrir un ventanal, pero entonces escuchó una voz salir del fuego que estaba a su lado:
- No lo abras, me dan miedo las tormentas.
El Rey no hizo caso, ¿cómo iba a hacer caso a un fuego que habla? Entonces el fuego intentó detenerle, y al agarrarle del brazo derecho le hizo una quemadura sin quererlo. El Rey, enfadado, estaba ahora más decidido que nunca, y de un fuerte golpe abrió el ventanal. Pero cuando se dio la vuelta para jactarse de su victoria ante el fuego, este ya no estaba. No sabía como ni a donde había ido, pero ya no estaba allí.
Continuará…
miércoles, 2 de diciembre de 2009
The Negativity Factor
La frase "Solo porque algo sea triste, no significa que sea verdad" me hizo pensar, y mucho... Es curioso como muchas veces sentimos (yo por lo menos) los momentos de revelación cuando estamos tristes.
Las mejores canciones, películas y novelas nos hablan de desamor, engaños, conflictos, violencia... Una buena historia no es buena si no incluye un factor negativo, que es el que le da salsa y suele ser la fuente de la moraleja. Aunque en el último momento se le de el final feliz del que tan sarcásticamente habla Hank en el vídeo.
Es como si este estado de negatividad nos diera una mayor claridad sobre las cosas, pero... ¿es esto cierto? ¿Ahora que estoy jodido las cosas que digo tienen más sentido que las que decía cuando me sentía feliz? No es una pregunta retórica, estaría muy bien que diérais vuestro punto de vista (no sobre mi, en general).
Si esto fuera así, significaría que un estado positivo altera tu percepción de la realidad... pero ¿el negativo no? Yo diría que también... porque si no eso querría decir que el mundo es un lugar muy deprimente, y eso me niego a creerlo.
Tal vez lo que trae la tristeza consigo es una mayor inspiración. Eso sí que lo puedo reconocer como cierto, pues es en los momentos bajos cuando tengo ganas de escribir cosas, de hacer algo creativo... mientras que cuando soy feliz no tengo ganas de eso, solo de disfrutar el momento. Y es verdad que tal vez siento que lo que digo ahora es más real... pero todo esto me ha hecho dudar.
Yo diría que la negatividad nos engaña... lo que realmente hace que las cosas que decimos tengan más sentido, o se acerquen más a la realidad, es la calma. Y el estar triste nos da una falsa ilusión de calma... pero el realidad estamos tan influidos por el lado negativo, como lo estamos por el positivo cuando somos felices.
¿Y cómo se cuando realmente tengo razón? Pues tal vez la gracia está en que no podemos saberlo... en tomar riesgos. Si no, todo sería muy aburrido, como una película donde todo fuera perfecto.
Las mejores canciones, películas y novelas nos hablan de desamor, engaños, conflictos, violencia... Una buena historia no es buena si no incluye un factor negativo, que es el que le da salsa y suele ser la fuente de la moraleja. Aunque en el último momento se le de el final feliz del que tan sarcásticamente habla Hank en el vídeo.
Es como si este estado de negatividad nos diera una mayor claridad sobre las cosas, pero... ¿es esto cierto? ¿Ahora que estoy jodido las cosas que digo tienen más sentido que las que decía cuando me sentía feliz? No es una pregunta retórica, estaría muy bien que diérais vuestro punto de vista (no sobre mi, en general).
Si esto fuera así, significaría que un estado positivo altera tu percepción de la realidad... pero ¿el negativo no? Yo diría que también... porque si no eso querría decir que el mundo es un lugar muy deprimente, y eso me niego a creerlo.
Tal vez lo que trae la tristeza consigo es una mayor inspiración. Eso sí que lo puedo reconocer como cierto, pues es en los momentos bajos cuando tengo ganas de escribir cosas, de hacer algo creativo... mientras que cuando soy feliz no tengo ganas de eso, solo de disfrutar el momento. Y es verdad que tal vez siento que lo que digo ahora es más real... pero todo esto me ha hecho dudar.
Yo diría que la negatividad nos engaña... lo que realmente hace que las cosas que decimos tengan más sentido, o se acerquen más a la realidad, es la calma. Y el estar triste nos da una falsa ilusión de calma... pero el realidad estamos tan influidos por el lado negativo, como lo estamos por el positivo cuando somos felices.
¿Y cómo se cuando realmente tengo razón? Pues tal vez la gracia está en que no podemos saberlo... en tomar riesgos. Si no, todo sería muy aburrido, como una película donde todo fuera perfecto.
sábado, 28 de noviembre de 2009
The Killers Paradox
Tengo otra entrada a medio hacer, pero no termina de cuajar, así que como me he prometido poner algo todas las semanas ahí va esta entrada medio de relleno...
Pues lo curioso del asunto es que solo me gustan dos canciones de este grupo... pero estas dos canciones me gustan muuucho... Son de mis preferidas. Las canciones en cuestión son "Somebody Told Me" y "Mr Brightside".
Y es que cuando comencé este blog también me prometí que algún día explicaría lo de The Killers... que es algo que si me conocéis es posible os haya contado ya en persona. De hecho una vez me sirvió para ligar y todo!!! :)
Bueno, supongo que sabéis quienes son The Killers, una banda de rock muy famosilla originaria de Las Vegas (y si no, pues para eso he puesto el enlace!).
Pues lo curioso del asunto es que solo me gustan dos canciones de este grupo... pero estas dos canciones me gustan muuucho... Son de mis preferidas. Las canciones en cuestión son "Somebody Told Me" y "Mr Brightside".Otras reconozco que no están mal... pero ninguna más me termina de llamar la atención. Y diréis... Human"!! no te gusta Human?? Pues... a ver, es pegadiza... y vale, la habré tarareado alguna vez... peero... es que musicalmente me dice muy poquito, lo siento... (puede que para alguien que entienda realmente de música diga herejías, pero bueno...).
"Somebody Told Me" es una de esas canciones que me recargan las pilas en cuanto las escucho, como "First day of my life" de The Rasmus o muchas de Linkin Park (marchita, marchita!!) y además la letra del estribillo es de lo más divertida.
"Mr Brightside", que decir, me dice tanto la letra, la interpretación... la música... y el vídeo, que es una película en miniatura... (y la chica monísima ;)
En fin... It was only a kiss...
Ale, y con esto os dejo (bueno, en realidad creo que nadie lo lee...) hasta que me vuelva la inspiración o hasta la semana que viene con otra chorrada.
Open up your eager eyes people!!
jueves, 19 de noviembre de 2009
The Lie Complacency
Hace unos días leí en la prensa un artículo muy interesante sobre las mentiras (ver artículo).
Esto si lo trasladamos a la vida real con una absurdez del estilo "El libro es azul, así que los plátanos están sabrosos" no tiene mucho sentido. Pero, ¿y si lo hacemos con algo que de más el pego? Algo casi real... o algo lo suficiéntemente intrincado como para que parezca que lo que decimos tiene sentido...
Esto me hizo recordar algo que aprendí estudiando lógica matemática, y es que partiendo de una premisa falsa se puede demostrar cualquier cosa (si no se dice exactamente así, corregidme, que lo tengo muy oxidado).
Esto si lo trasladamos a la vida real con una absurdez del estilo "El libro es azul, así que los plátanos están sabrosos" no tiene mucho sentido. Pero, ¿y si lo hacemos con algo que de más el pego? Algo casi real... o algo lo suficiéntemente intrincado como para que parezca que lo que decimos tiene sentido...Pues resulta que es algo que ocurre todos los días y delante de nuestras narices... ya que es exactamente lo que hacen los embaucadores. Dos ejemplos muy claros de embaucadores bien conocidos:
-En la vida política no hacemos más que ver como hay algunos que no hacen otra cosa que tratar de cubrir sus vergüenzas o desacreditar al contrario con enmarañadas patrañas. Y he dicho algunos, aunque todos tienen un poco de eso... porque no, no creo que sean todos iguales, esa es otra de las mentiras que a algunos les conviene que se crea...
-Las relaciones amoroso/sexuales están llenas de embaucadores tipo Barney (referencia a la serie HIMYM, si no la has visto, a que esperas!) acechando a chicas deseosas de creer en las mentiras que les cuentan. Y diréis... pero si un Barney se ve a la legua... error, un Barney solo es un buen Barney si las chicas creen que es un Ted (segunda advertencia, si no haces caso... luego no te lamentes).
Así que, sí... el mundo está lleno de embaucadores, pero aún no hemos hablado del más convincente de todos ellos: tu mismo.
Y es que el ser humano tiene la tendencia de mentirse a si mismo para maquillar la realidad. Esto en pequeñas dosis no es malo, como dice el artículo, ya que disimulando algunas de todas esas pequeñas cosas malas que tiene la vida, podemos ser más felices.
El problema viene cuando lo hacemos en cosas más importantes. Y no solo me refiero a las mentiras patológicas de alguien desequilibrado. Cualquiera de nosotros podemos, y de hecho lo hacemos, caer en mentiras autocomplacentes de calado.
En especial es muy fácil mentirse inconscientemente a si mismo para apoyar una línea de pensamiento, justificar una decisión o un hecho del pasado. Es entonces cuando entra en juego la premisa falsa que sostiene toda nuestra teoría. Y aparentemente tiene cierta lógica, pero en realidad es poco más que una excusa convincente.
Otro de los tipos de automentiras más habituales es como adaptamos/ignoramos/exageramos parte de la realidad para poder encajar en los clichés. Y es que todos tenemos la tendencia, unos más que otros, de vivir o imaginar que vivimos dentro de unos clichés, roles y situaciones determinados, que suelen venir condicionados por nuestro entorno cultural.
Yo personálmente tengo la costumbre desde hace tiempo de analizar las decisiones importantes más de una vez, y tratar de verlo desde el punto opuesto, ya que es la única forma de poder estar seguro de que estoy en lo cierto (aunque es verdad que a veces me cuesta un tiempo reaccionar).
Y gracias a esto me he salvado más de una vez de cometer un gran error, me he dado cuenta de lo equivocado he estado sobre un tema, o he reafirmado mis decisiones a pesar de que lo contrario pudiera parecer tener razones convincentes.
Así que mejor piensa las cosas dos veces y con clama... y ten cuidado de que tu propio yo no te engañe.
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